
303 años de la Gaceta de México
9 de agosto de 2025Libre, feliz… y letal. Así encontramos de nuevo al célebre doctor Hannibal Lecter (Anthony Hopkins), el psiquiatra, asesino serial y caníbal que escapó de prisión diez años atrás y se encuentra ahora en la bella ciudad de Florencia, Italia.
Aunque es un depredador libre, hay cazadores detrás de su cabeza. Lecter es un extraordinario trofeo que, además, tiene una enorme recompensa por su captura, ofrecida por la única víctima con vida después de un ataque del doctor, el multimillonario ganadero, Mason Verger (Gary Oldman).
Lecter se siente seguro con su nueva identidad, pero un policía corrupto, ávido de dinero, lo reconoce y está dispuesto a iniciar la cacería, pero el FBI con Clarice Starling (Julian Moore), intentarán llegar antes.
La película corresponde al tercer libro de la serie que Thomas Harris dedica a su (nunca mejor dicho) extraordinario personaje, pues en efecto, no podría ser calificado de hombre común. Elegante, culto, sagaz, inteligente pero cruel y despiadado, un psicópata que no tiene noción de la culpa ni la empatía; sin embargo, algo en su interior se mueve ante la imagen de Clarice, algo que tal vez se parece, aunque de forma retorcida y siniestra, a un grado de obsesión, de ¿enamoramiento?, y que funcionará como uno de los motores que moverán la trama.
El reparto de la película es maravilloso, comenzando por Anthony Hopkins que repite el papel de la anterior entrega: El Silencio de los Corderos en España y El Silencio de los Inocentes en Hispanoamérica, que en realidad es el segundo libro de la saga. Otro gran acierto, en este mismo rubro, fue la inclusión de Gary Oldman en el papel del empresario ganadero que logró sobrevivir al doctor; supervivencia, por cierto, que no fue fruto de su habilidad o su valor, tampoco por suerte, sino porque a Lecter le pareció interesante, casi gracioso, dejarlo con vida pero deforme. Con ambos actores, será siempre poco el reconocimiento a su trabajo. Es casi unánime la afirmación que la mejor interpretación de Lecter (ha habido 4 actores entre series y películas) es la del actor británico y, por su parte, Oldman logra sorprendernos una vez más al transformarse por completo y no únicamente por el sobresaliente maquillaje sino por su camaleónica actuación. Hubo una variación, sí, en el papel de Clarice Starling, que en la película anterior fue interpretado por Jodie Foster y si bien es cierto que algunos se decepcionaron por el cambio, también es verdad que Julian Moore hace un papel maravilloso, no intentando imitar la actuación anterior sino aportando su propia versión de la agente del FBI.
Los escenarios son magníficos, comenzando por Florencia, que luce espléndida, convertida sin embargo en castillo de Drácula, donde Lecter es amo y señor. La belleza y lo macabro dan el toque agridulce al platillo. La estética de la película la encontramos en los espacios, magníficamente fotografiados y en la música de Hans Zimmer que no se siente sino como aderezo que resalta la atmósfera y que resulta uno de los elementos más ricos y sobresalientes de la película; partitura hermosa y terrible a un tiempo. Por fortuna, se puede adquirir el soundtrack completo que no tiene una pieza de desperdicio.
Inevitable pero frecuentemente incómoda, es la comparación del libro con la película y a este respecto hay que decir que si bien hay variaciones que podrían ser significativas, también son necesarias para el buen ritmo y fluidez de la trama. Una de estas diferencias, no muy trascendente pero curiosa, es la diferencia de años desde que el doctor se fugó de la cárcel; en la novela se habla de 7 años, pero como la secuela de la película se filmó 10 años después del Silencio de los Corderos, también se dejó una década como el tiempo que tiene Lecter de haber escapado. Se suprimieron algunos personajes, pero sin demérito del argumento y la diferencia principal está en el final del que no haremos un spoiler y tendrás que descubrir tú, contrastando ambas versiones. No hay que optar por una u otra narración, la literaria o la cinematográfica, sino gozar ambas. Ridley Scott es también un extraordinario contador de historias y logra una obra maestra de suspenso que no puedes dejar de ver.
Carlos L. Alvear




